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Dos Españoles Notables
Rev. Dr. Mario E. Rivera Méndez
¿Has notado al frente de tu Biblia donde dice: “antigua Versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera” (1602)?
¿Quiénes fueron Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera?
Casiodoro de Reina nació en un pequeño pueblo al Norte de España (1521). Se unió al Convento de San Isidoro de la orden de los Jeronomianos Observantes, esto es, pertenecían a la Orden de San Jerónimo, que tradujo la Biblia al latín (La Vulgata).
Cipriano de Valera (1532-1625) también era un fraile del Convento de San Jerónimo. Desde el 1519 llegaban a España los escritos de la Reforma, sobre todo, de Lutero y Erasmo. En 1557 huyen del Convento de San Isidoro 12 frailes pues la Inquisición Española comenzó a tener interés en este grupo de frailes.
Reina huyó a Inglaterra y en el 1567 bajo muchas persecuciones termina su traducción de la Biblia. En el 1569 se publicó el Nuevo Testamento traducido por Cipriano de Valera. En 1602 se publica la Biblia completa en la traducción de Valera, la versión en español de la Biblia completa. Cipriano de Valera hizo la única traducción al español de la Institución de la Religión Cristiana de Juan Calvino. ¡Qué mucho dolor por preservar la Palabra de Dios, por eso, apréciala cada vez más! |
El arrepentimiento, según la Palabra
Rev. Dr. Mario E. Rivera Méndez
“Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.” II Corintios 7:9.
La palabra arrepentimiento quiere decir mucho más que sentir tristeza por los pecados cometidos; incluye también el abandono de esos pecados y la determinación por volverse a Dios. Pablo establece la diferencia entre ser contristados (ponerse triste, afligirse) y ser contristados para arrepentimiento. No basta con que nos sintamos culpables y por ende, tristes por haber pecado. Es sentirnos tristes y resolver no volver a hacerlo. Esto es lo que Pablo llama “contristados según Dios”. Esto produce verdadero arrepentimiento. Vemos entonces que arrepentimiento, según la Biblia, no significa hacer actos de penitencia, como es flagelarse, castigarnos a nosotros mismos, dejar de comer algo, entre otros. ¡NO! El castigo lo llevó el Señor cuando fue a la cruz del Calvario, por ti y por mí. Pablo dice en Gálata 6:14: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” Ahora solo nos resta confesar nuestros pecados al Señor y recibir Su amoroso perdón. |
Después de la resurrección ¿qué?
Rev. Dr. Mario E. Rivera Méndez
“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario, que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en Su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas.” Lucas 24:45-47.
Hay tres fechas claves en el cristianismo: la Pascua, la Ascensión del Señor y Pentecostés. La Ascensión ocurrió cuarenta días después de la Resurrección y diez días más tarde fue Pentecostés o el derramamiento del Espíritu Santo.
La Resurrección marcó el momento, en el calendario de Dios, cuando nuestra redención fue sellada. El “Cordero de Dios” fue inmolado por nuestros pecados. La Ascensión sella la intercesión del Señor a la diestra del Padre. Pentecostés es el cumplimiento de esa bella promesa del Señor cuando dijo en Juan 14:16: “Y Yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre.” Te pregunto: ¿Has recibido al Espíritu Santo? |
Cristo, la Roca de nuestra salvación
Rev. Dr. Mario E. Rivera Méndez
“... porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo.” I Cor. 10:4.
Hay varias referencias en la Biblia que establecen claramente que el Hijo Inmaculado de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo es la Roca inconmovible sobre la cual está establecida Su Iglesia preciosa. El Apóstol Pablo nos dice claramente: “...edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal Piedra del ángulo Jesucristo mismo...” Efesios 2:20. En el Antiguo Testamento ya se había profetizado que el Señor Jesús, a quien rechazaron los hombres, llegaría a ser la Piedra angular: “La Piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo.” Salmo 118:22. Y observemos lo que nos dicen otras Escrituras: ¿Y qué Roca hay fuera de nuestro Dios? Salmo 18:31. “Porque el Nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios. El es la Roca...” Deuteronomio 32:3-4. “En Dios solamente está acallada mi alma... El solamente es mi Roca y mi salvación...” Salmo 62:1-2. “Mas Jehová me ha sido por refugio, y mi Dios por Roca de mi confianza.” Salmo 94:22
Si la Biblia establece que el Señor Jesucristo es la Roca sobre la cual está edificada la Iglesia, ¿por qué es que algunos aún dicen que la roca es Pedro? No, Pedro era un hombre pecador y salvo por la misericordia de Dios como somos tú y yo. Sólo Cristo es sin pecado. El es la Roca. |
Tres preguntas claves
Rev. Dr. Mario E. RIvera Méndez
“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo
preguntó a Sus discípulos diciendo: ¿quién dicen
los hombres que es el Hijo del Hombre? “…Él les
dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?
Mateo 16:13, 15.
En las preguntas que el Señor le hizo a Sus discípulos hay dos puntos esenciales. En primer lugar, el Señor le preguntó a Sus discípulos qué decían los hombres que es el Hijo del Hombre, pero de inmediato les preguntó: “Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?”. En Su segunda pregunta les contestó la primera pregunta: “Yo soy el Hijo del Hombre”. El segundo punto que está implícito en las preguntas del Señor es que una necesidad básica de todo ser humano es saber quién es. ¿Quién soy? Tener un claro concepto de quienes somos es esencial para poder vivir una vida productiva. Lo segundo que es esencial saber para tener una vida productiva es: ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es la razón de mi existencia? Y es en esta segunda pregunta donde el ser humano tiene que mirar al Señor y preguntarle a Él: “Señor, ¿qué Tú quieres que yo haga? ¿Se lo has preguntado ya? La razón de esto es que hasta que no estemos seguros para qué vivimos, la vida se torna confusa y sin propósito. A esta segunda pregunta debemos añadir de inmediato: ¿A dónde voy? El Señor es la contestación para todas estas preguntas. Dios nos creó para Él, nos envió a ser Sus testigos y nos promete la vida eterna. ¿Estamos claros? |